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Cosas sorprendentes de los médicos en la época greco-romana

(Esta página contiene informaciones no aptas para niños)

Hemos oído del juramento hipocrático de los médicos, por el que se deben abstener de dañar al enfermo, lo cual nos parece un compromiso loable.

Ello puede llevarnos a idealizar esa época.

Hubo una historiadora importante (Régine Pernoud) que, en su libro "Las mujeres en tiempos de las catedrales", (algunos extractos de sus libros aquí), explica:

«La medicina antigua parece haber hecho poco caso de la vida del recién nacido. Hipócrates plantea como natural el problema de saber "a cuáles niños corresponde criar". Soranos define imperturbablemente la puericultura como el arte de decidir "cuáles son los recién nacidos que merecen ser criados". Esta selección implacable no caracteriza sólo una actitud científica, sino también la de toda una sociedad. En efecto, Cicerón, a quien nadie puede acusar de inhumano, pensaba que la muerte de un niño se soporta aequo animo (con el alma serena). Séneca consideraba que era razonable ahogar a los niños débiles. Tácito califica como excéntrica la costumbre propia de los judíos de no querer eliminar a ningún recién nacido; y cuando Justino evoca el respeto de los cristianos hacia la vida del niño precisa: "incluso cuando es un recién nacido

Esto lo explica después de recordarnos que la "patria potestad" permitía a los padres decidir sobre la vida y la muerte de sus hijos, y se practicaba la "desaparición forzada de las hijas menores". Es decir, el padre mantenía sólo a hijos varones (sanos) y sólo a una hija. El resto las eliminaba. Era completamente excepcional que en una familia romana hubiera más de una hija. (Ahora nos parece abominable, pero era así).

"Sólo hacia el año 390, a fines del siglo IV, la ley civil retira al padre el derecho de vida o muerte sobre sus hijos.-1- Con la difusión del Evangelio desaparecía la primera y más decisiva de las discriminaciones entre los sexos: el derecho a la vida correspondía tanto a las niñas como a los varones.-2-"

Régine Pernoud, en su libro "La Vierge et les Saints au Moyen Âge" (p.58) cita un escrito de religión titulado la "Didaché" (la instrucción), del s. I, que dice: "No matarás, no harás adulterio, no te entregarás a la homosexualidad, a la prostitución, al robo, a la magia, no practicarás el aborto y no matarás a los recién nacidos", y añade: "antes de la llegada de Cristo ya los romanos se burlaban de los judíos, que conservaban a todos sus hijos y no practicaban el aborto".

La situación de la mujer tampoco es muy buena.

Y “Todos los juegos en el anfiteatro en honor de Jupiter Latialis empezaban por un sacrificio humano” (…) “Hay que recordar que ha habido sacrificios humanos por todos sitios durante dos mil años; que han sido practicados a gran escala; que los juegos de anfiteatro, en los que perecían en un solo día varios centenares de víctimas, eran fiestas religiosas; que durante el mandato de los Césares estos juegos se realizaban varios días a la semana; que había anfiteatros en todas las ciudades importantes del imperio romano; que el sacrificio humano (también) tenía lugar fuera de las fronteras de este imperio; que en América ha excedido todas las proporciones conocidas; en fin, que continúa la misma carnicería a hora de hoy (1864) en todos los lugares que han quedado bajo la entera dominación del príncipe de las tinieblas.” (Traité du Saint-Esprit. Mgr. Gaume 1864, cap. XX) (Extractos del libro traducidos al español aquí)

(Cuando echaban a los cristianos a los leones, no siempre ocurría lo que Uds. se imaginan, como cuenta Ribadeneyra (1º de febrero): San Ignacio, mártir, temiendo que los leones y los tigres acudiesen a lamerle los pies como tantas veces acontecía, dejó oír esas elocuentes palabras: “¿Cuándo será que os besaré, bestias feroces, las que estáis preparadas para mi suplicio? ¡Ah! ¿Cuándo podré acariciaros? Si no queréis devorarme, os excitaré, a fin de que os echéis sobre mí con mayor furia; os acosaré para que os apresuréis a devorarme”)

1: Etienne (Robert): «La conscience médicale antique et la vie des enfants», en Annales de démographie historique, 1973, número dedicado a Enfant et Société.

2:El número 132 de la revista Population et Sociétés (febrero de 1980) trae el siguiente parágrafo: «En muchas sociedades se valoriza el nacimiento de los varones y se desvaloriza el de las niñas; era todavía frecuente en el siglo XIX en Francia.

(Las enseñanzas del Evangelio no tienen nada que ver con lo que desde 1958 enseñan desde el Vaticano: ver más info aquí)

(El libro citado de Régine Pernoud no se encuentra en librerías, sólo en bibliotecas, de segunda mano o en las redes P2P en formato electrónico)

Los poderes del padre de familia

“La manus, el poder unitario del paterfamilias, comprende en sí diversas potestades: sobre la mujer –manus maritalis–; sobre los hijos – potestas o patria potestas–; sobre los esclavos – dominica potestas– y sobre los hijos de otros entregados en venta al paterfamilias –mancipium. El poder del paterfamilias sobre las personas a él sometidas era originariamente absoluto. Frente a los individuos libres y no libres de la casa, el señorío del paterfamilias otorga a éste el derecho de vida y muerte –ius vitae necisque. Como elemento de la potestas aparecen también el ius exponendi y el ius vendendi, esto es, los derechos de exponer y de vender a los individuos de la familia [1]. Esta prerrogativa del padre –como ha señalado la profesora Núñez Paz– se mantuvo durante toda la etapa republicana e imperial, empezó a matizarse con la legislación de Constantino y se criminalizó con las Sentencias de Paulo (siglo III) (con el cristianismo).”

“costumbre romana de colocar al recién nacido en el umbral de la puerta de entrada a la casa del pater familias. Si éste tenía a bien acogerlo, el niño tenía familia, pero si tomaba la decisión de no aceptarlo, quedaba expuesto en el foro, y su capacidad jurídica dependía de la persona que lo recogiera”

Fuente: esta web.

Ahora ya somos más bárbaros que los romanos, pues con los abortos ni siquiera dejamos nacer a los niños y que los recoja otro.


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