Hay quien, enfrentado contra sus contradicciones o hechos evidentes, usa como último recurso la excusa "es un tema complicado", o "es un tema delicado". ¿Aceptará Dios como disculpa el día del Juicio que le digamos que "era complicado"? ¿No es la vida algo "complicado" y nos gusta vivir?
Hay otros que responden con cualquier cosa, aunque sea algo totalmente erróneo o fuera de lugar, pero al menos creen demostrar que tienen "la última palabra", aunque sea "venciendo" al "contrario" por cansancio o desesperanza.
"No se puede hacer nada", "es lo que hay", "él hace lo que puede", "los periodistas dicen muchas mentiras",...
Cuando se les hace ver que incumplen el primer mandamiento ("amarás a Dios sobre todas las cosas"), porque dedican a Dios un rato a la semana y el resto de semana no piensan más en él. Ni oración al levantarse, ni acostarse, ni bendicen las comidas, ni al empezar a trabajar, ni frente al peligro, ni jaculatorias, ni leen nunca nada, ni nada de nada. Y no es porque sus obligaciones no les permitan "tiempo libre".
Cuando dicen que "lo importante es ser buena persona" y se les argumenta en contra: que el criterio personal como máximo criterio (cuando los poderosos no nos imponen el suyo) lleva al caos, al infierno ya en la tierra. Que eso que dicen hace inútil el Evangelio.
Cuando se les recuerda que están apoyando a una organización en cuya sede (el Vaticano) ocurren las mayores maldades: desde entronizar a la Pachamama, estatua de Lutero, sello conmemorativo de Lutero,... todo contrario a lo que la Iglesia ha enseñado hasta hace dos siglos.
No es fácil reconocer que se ha vivido hasta el presente siguiendo un criterio básico equivocado. El orgullo o los intereses mundanos pueden hacer muy difícil cambiar de opinión.
Amar la verdad, a aquél que dijo "Yo soy la verdad,...", cuesta. Todo el mundo prefiere "mirar para otro lado y olvidarse", "no complicarse la vida", "hacer lo que hacen todos",... La carne y nuestras ataduras mundanas nos frenan.
Acabo de publicar un libro sobre el tercer mandamiento. Tienen la reseña aquí |
Rezar el Rosario (mejor en latín) es el último y único recurso que nos queda.
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