Los materiales elásticos tienden a volver al tamaño del que les hemos apartado. Es decir, tienen una voluntad propia y actúan oponiéndose a las circunstancias contrarias a lo que quieren.
Es una voluntad limitada a eso: a restaurar su tamaño perdido. No tienen otros deseos: ni de volar, ni de leer un libro.
Quieren permanecer con un tamaño y cuando los estiramos o encogemos nos hacen fuerza para volver a su tamaño original.
Ciertamente que lo duro (el suelo), también nos hace fuerza en los pies (si no, nos hundiríamos, como si intentamos caminar sobre el agua), pero es el encogerse y expandirse el que nos hace trabajar, nos cansa (un poco) el cuerpo.
Es decir (y es algo evidente), estamos sufriendo la fuerza que nos hacen los calcetines elásticos, los elásticos de la ropa interior, incluso de pantalones, camisetas de punto, jerseys de punto, suelas de los zapatos, sofás, suelo de algunos parques infantiles modernos, el colchón...
Es decir, todo eso elástico nos está dificultando el funcionamiento corporal (la circulación) y cansando (un poco). Quizá no nos demos cuenta, pero el hecho es innegable: estamos todo el día soportando esa fuerza, o estirando y encogiendo ese material (al caminar, al respirar,...).
Los elásticos nos dan comodidad, pero a un precio.
Ejemplo con los neumáticos:
Los neumáticos hacen que los autos consuman más que si tuvieran ruedas rígidas, de acero. Nos amortiguan las imperfecciones de la carretera: conseguimos más comodidad. El auto consume más porque el motor tiene que estar trabajando continuamente para deformar la goma del neumático (que se resiste a cambiar su tamaño cuando rueda).
En este sentido, Michelín inventó los neumáticos "Energy" para que el auto gastara menos deformando la goma (sigue gastando, pero menos que antes).
Igualmente, quizá haya elásticos en nuestras prendas más o menos "Energy", que para estirarse requieran menos fuerza y nos cansen menos que otros (cumpliendo la misma función).
Las camas también son elásticas. Si no, no volverían a su tamaño cuando la gente se levanta.
Hay mucha gente que siempre ha dormido sin colchón, desde el santo cura de Ars, todos los indígenas de todas las culturas, los nómadas, o el mayor matemático del s. XX (Grothendieck). Jesucristo decía de que él, siendo dios, "no tenía una piedra donde recostar la cabeza". ¿Se imaginan Uds. a los beduinos del desierto, yendo de un sitio a otro con el colchón encima de sus camellos?
Vivamos como dioses sin colchón ni almohada, durmamos sobre una esterilla. Más saludable, más barato, fácilmente montable con lo que ahora espacio.
Si fueran buenos para la salud, para el rendimiento físico de la gente, los montañeros llevarían colchones, los soldados a la guerra y los ganaderos se las pondrían a sus vacas.
Y leemos cómo algún general de las legiones romanas las prohibía cuando tomaba el mando de alguna legión acomodada:
Así que llegó, desterró a todos los mercaderes, rameras, adivinos y agoreros, a quienes los soldados consternados con tantos infortunios daban demasiado crédito. Prohibió que en adelante se trajese al campo cosa superfina, ni siquiera una víctima para los vaticinios. Mandó vender los carros con los equipajes inútiles que en ellos había, a excepción de los que necesitaba.
A nadie permitió tener más ajuar para comer que un asador, una olla de bronce y un vaso. Prescribió que las comidas fuesen de carne asada o cocida. Prohibió las camas, y él era el primero que dormía sobre una enea (estera). Prohibió ir en bestia en las marchas. «¿Qué se ha de esperar en la guerra —decía— de hombre que no puede andar a pie?». Vedó servirse de criados para untarse y lavarse en el baño. Decía por irrisión que se asemejaban a las bestias que no tienen manos, las cuales se sirven de otras para rascarse.
Fuente: academialatin.com/literatura-griega/guerras-ibericas-apiano/preparacion-escipion-emiliano/
Flexibilidad: si estamos acostumbrados a dormir sobre duro, pueden invitarnos ricos a sus palacios o los más pobres a sus chozas y dormiremos igual de bien (nunca "extrañaremos" la cama, el suelo está siempre igual de duro).
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El suelo duro nos está empujando continuamente hacia arriba, hacia el cielo. Nosotros es como si quisiéramos hundirnos en la Tierra, hacia el infierno, y la Tierra, paciente y amorosamente nos está empujando hacia arriba. Lo elástico (camas, suelos de parques infantiles, de "centros de yoga",...) nos está impidiendo recibir ese influjo saludable. ¿Qué sería de nosotros sin la Tierra atrayéndonos? Seríamos como globos flotando por el aire. |
El próximo día 27/1/2026 a las 19:30 (Dios mediante) el autor presentará el libro en la librería Namasté de Madrid, c/ Arquitectura 7. |
Rezar el Rosario (mejor en latín) es el último y único recurso que nos queda.
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