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El 3er. mandamiento de la ley de Dios es "santificar las fiestas" (Éxodo 20,8), pero se suele confundir o reducir al mandamiento de la Iglesia de "ir a misa".
El mandamiento de Dios (santificar), no es evitar pecar (eso hay que hacerlo todos los días), sino que es mucho más que ir a misa.
Detallando más:
El tercer precepto tal como lo dictó Dios es:
«Acuérdate de santificar el día del Señor. En los seis días de la semana trabajaras y harás todas tus obras; pero el séptimo día es del Señor tu Dios, y en él no haréis ninguna obra, ni tu, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu criado, ni tu sirvienta,...» (Éxodo 20,8), que aparece dos veces en la Biblia con una redacción extensa, y muchas veces más sólo lo resaltado.
Reducimos todo ello a "ir a misa" y olvidamos todo lo demás: y así, trabajamos y hacemos trabajar. No a sirvientes en nuestra casa pero sí al del bar, a los del restaurante, panadería, museos, exposiciones, cines,... Actividades que no son necesarias que estén abiertas los domingos. (Sí las farmacias de guardia, o como en Estados Unidos en el s.XIX, los bares y restaurantes sólo para gente que estuviera de viaje, pues los trenes no circulaban, se paraban en la ciudad más cercana hasta el lunes).
"Santificar" nos explica santo Tomás, el Catecismo de Trento y hasta el diccionario es: "dedicar algo a Dios, apartándolo de todo uso terrenal".
"El significado del sábado en la Sagrada Escritura es la cesación que se hace de los trabajos corporales y de los negocios temporales, como lo indican claramente las palabras del precepto que siguen: Ningún trabajo harás en él" §10 del Catecismo de Trento al hablar del Tercer precepto. (puede descargarse completo aquí).
"el hombre, separado por algún tiempo fijo de los negocios y de los trabajos materiales,..." §11.
"Se prohíbe toda clase de obras serviles" §21.
"Se prohíben bajo pecado mortal los trabajos serviles. Consta expresamente por la Sagrada Escritura (Ex. 20,8-11; Num. 15,32-36), por el Código canónico (cn.1248) y por la costumbre y tradición secular de la Iglesia." Teología Moral para Seglares, P. Royo Marín, t.I, §416, p. 321.
En Éxodo 31 y 35, que habla de la construcción del Tabernáculo, Dios les vuelve a recordar que no trabajen el Sábado. Es decir, no trabajar ni para construir el Tabernáculo. O las santas mujeres (¡nuestra santísima madre incluida!) que fueron a incensar el sepulcro de Nuestro Señor tampoco lo hicieron porque llegaron en Sábado. Lc 23,54 (no trabajar ni para aromatizar la tumba de Jesucristo). ¿Y nosotros creemos que podemos hacer trabajar a los del bar en Domingo sin pecar mortalmente?
Y los pasamos dedicados a nuestras aficiones, diversiones o temas terrenales nuestros, que aunque no es pecado ocuparnos de ellos, no son cosas de Dios (deportes, nuestro próximo viaje, el colegio de los niños, qué nuevo auto comprarnos, etc.) Una cosa son las santas (pequeñas) recreaciones, y otra pasarnos el día de escalada.
Lo esencial del precepto es lo que dijo Dios (no trabajar ni hacer trabajar, ocuparnos en "cosas de Dios"). Lo de "ir a misa" es sólo una de las "cosas de Dios" que debemos hacer, mandato que la Iglesia puede abolir igual que lo estableció (es decir, es un aspecto accidental, no esencial, del precepto).
"Por tomar un aperitivo tras la misa, que le damos cinco minutos de trabajo al del bar, no vamos a condenarnos". El precepto es bastante claro: no hay que trabajar ni hacer trabajar (excepto para hacer buenas obras o por molestia o perjuicio grave, que exime de toda ley). Si tomamos el aperitivo, cada uno le damos cinco minutos de trabajo al del bar, y entre todos, trabaja varias horas. Es como la lapidación de la adúltera, cada uno sólo tiraría una piedra. Cuando varios cómplices cometen un delito, la pena no se reparte entre todos, sino que cada uno la recibe íntegra.
Además, damos cinco minutos de trabajo al del bar, un cuarto de hora al del restaurante, cinco minutos al de la pastelería, otro cuarto de hora al de la telepizza, otro minuto al taquillero, otro cuarto de hora al del taxi, otro al repartidor de la tienda on-line,... y nos pasamos todo el domingo dando trabajo. Es decir, en nuestro día festivo incitamos a que otra gente no lo viva como tal.
Además, probablemente en lo que se suele pecar más quizá no es en esto, sino en no dedicar el Domingo a Dios, sino a sus asuntos y conversaciones terrenales.
El libro también habla de la conveniencia de no conducir. Incumplir esto me parece muy justificado en algún caso, como la gente que vive en ciudades y que sale a su segunda residencia los fines de semana. Finalmente es cada uno, conociendo el espíritu de la ley, el que debe ver si sus circunstancias justifican infringir la letra de la ley.
"¿No caerá este libro en rigorismo?". Rigorismo es, en un juicio, apegarse a la letra de la ley menospreciando las circunstancias atenuantes o eximentes. El libro sólo repite lo que dice la ley (Biblia y Evangelio, santo Tomás -doctor de la Iglesia-, el Catecismo de Trento). En la parte escrita por el editor, de estilo más coloquial, se citan casos concretos ("los jubilados al sol"), pero siempre recordando que hay eximentes, que hay que considerar las circunstancias de cada caso.
Rigorismo sería tomar el 5º precepto de Dios (no matarás) y dejarse matar por respetar el Sábado (que es lo que llegaron a hacer los hebreos antes de los Macabeos). Pero nosotros no sólo tenemos los preceptos de Dios, sino toda su interpretación más detallada en el Evangelio, de santo Tomás o el Catecismo de Trento, que nos ayudan a no caer en ese extremo.
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Es decir, el libro pretende recordar "el espíritu de la ley", que ya sabemos que vivifica, y que "la letra" mata; y luego que cada uno la aplique a sus circunstancias. |
"Dios perdona todo". Dios nos perdona todo pero con condiciones, por ejemplo: arrepentirnos del pecado y tener firme propósito de evitar futuras ocasiones.
La primera parte es un breve escrito del siglo XIX traducido del francés, porque entonces hubo en Francia mucho debate sobre el cumplimiento del tercer precepto del decálogo. Achacando a su incumplimiento todos los males que tenían. El escrito contiene citas de cartas pastorales de los obispos franceses (alguno tan famoso como el cardenal Pie), recordando los principios básicos del tercer mandamiento, apoyados por citas de la Biblia, y del Catecismo para Párrocos del Santo Concilio de Trento. Es de un estilo apologético.
La segunda parte son informaciones adicionales del editor con un estilo más sencillo.
Guarda de la vista: Al final del libro se cita brevemente su importancia. En Gen 3,6 leemos que "vio pues la mujer que el árbol era bueno para comer, y hermoso a los ojos, y agradable a la vista: y tomó de su fruto y comió,...". Mirando acabó de convencerse a pecar.
No viajar en festivos: donde en el libro se dice que respetar el precepto no viajando en festivos tiene incluso razones bien "de este mundo", se cita el cómic japonés "Say hello to black jack". (Puede verse una reseña aquí y verse completo el número 1).
Reflexiones acerca del Domingo: Lo que se puede obrar y lo que no (1.º El día séptimo Dios cesó de obrar, 2.º Ley del vacar (estar de vacación), 3.º Ley de conservación)
Informaciones adicionales: Ver las cosas como son. Historia del precepto. Las dos partes del precepto. Beneficio de tener un tiempo para hacer balance. Aclarando más conceptos. Obligación de trabajar. El olvido en el alma es como la muerte en el cuerpo. Explicando a un niño lo que es trabajar. El deporte. Las aficiones, los entretenimientos, las distracciones. Explicando a un niño lo que es una fiesta. Explicando "santificar" a un niño. Tentaciones no nos faltarán. ¿Tan importante es santificar el domingo? Resolviendo dudas. Citas de la Biblia sobre actividades específicas. Reflexiones varias. ¿Podemos aprovechar algo de la ley del Sábado? La comida en días festivos. Aspectos prácticos. Los dos espíritus del Domingo. Vivencia del Domingo. Vivencia del sábado. Para qué Dios nos dio el tercer precepto. Santificar un poco más el domingo es una buena inversión
Epílogo: Nuestro bondadosísimo Padre origen de los preceptos. Gozo y dolor no están reñidos. Hacer guarda de la vista
Apéndice 1: Errores en libros de moral: El uso del adjetivo "servil" en la Biblia. El tercer precepto según santo Tomás. Tratado de moral del siglo XVIII. El tercer precepto según moralistas modernos
Apéndice 2: Catecismo del Concilio de Trento: resumen del tercer precepto del Decálogo
Apéndice 3: Indicios de estar en gracia
Apéndice 4: El cumplimiento del tercer precepto en Estados Unidos y Europa en el siglo XIX
En Amazon: Amazon.es , Amazon.com, Amazon.com.mx, Amazon.com.br (en papel o ebook Kindle).
En Amazon hay, debajo de la portada del libro, la opción "Leer muestra".
Dimensiones: 14,5 x 20,5 cm; 144 páginas, ISBN: 9798249921712, Editor: Francisco Martín
Acabo de publicar un libro sobre el tercer mandamiento. Tienen la reseña aquí |
Rezar el Rosario (mejor en latín) es el último y único recurso que nos queda.
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