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Besar al agresor es imprescindible para superar el trauma

- Ya estoy convencida de querer a mi padre que me agredió y lo quiero

- Ya le cuido

- ¿Falta algo?

Pues quizá sí: que se convenza su cuerpo, que tiene una memoria corporal.

Para superar un trauma, no basta con identificarlo (saber qué tenemos que superar), ni frecuentemente basta con solucionarlo en la cabeza, en el pensamiento, sino que tenemos que eliminar los malos hábitos que nos generó (que guardamos en la memoria corporal, como se explica en el artículo sobre ella: el subconsciente).

Siguiendo con el ejemplo de la Sra. A, que vimos en el artículo de cómo nos traumatizamos, friendo patatas siendo insultada por su padre, debe también eliminar los posibles malos hábitos que ha desarrollado por estar tantos años odiando a su padre por ese hecho (hábito de odiar a su padre) y los hábitos de reaccionar con ese tema (llamados condicionamientos, y "raíles" las percepciones concretas que los desencadenan).

Es decir, los pasos son:

  1. Identificar el hecho traumático (a veces no es fácil): "Cuando de niña yo freía patatas mi padre me insultaba".

  2. Convencimiento mental: Darnos cuenta que nos herimos porque no teníamos los recursos que tenemos ahora, que lo que ahora no pasaría de ser una situación desagradable, entonces, cuando nos lo hicieron, nos traumatizó porque no supimos responder; que si nos volviera a pasar ahora sabríamos responder y además con diferentes gradaciones en función del grado de la amenaza / agresión. Perdonar al agresor/a: adiós rencores hacia él/ella, perdonarnos a nosotros si tuvimos algo de responsabilidad: adiós remordimientos hacia nosotros. En este otro artículo se trata el tema del perdón en los traumas (o injusticias en general).

  3. Besar al agresor. Porque los besos son la más alta muestra de amor (besamos el pie de las estatuas de la Virgen, besamos la cruz que hacemos con los dedos al santigüarnos,...)

Los demonios del lector le insinuarán replicar (a gritos, claro síntoma de que estamos tocando algo que no tiene 100% superado): ¡¿y qué mas?! ¡ya le he perdonado, con eso es suficiente! ¡ya le hablo! ¡ya cuido de él! ¡este tema ya lo tengo superado!

    El beso es la forma más potente de conseguir borrar todo mal rastro en nuestra memoria corporal (donde se guardan los hábitos y condicionamientos); porque podemos hacer un montón de cosas materiales por el agresor pero odiando y refunfuñando por dentro, pero desde bebés sabemos que un beso es una señal de amor, preludio o epílogo de un bien. Sólo Judas pudo usar un beso para traicionar a su mayor benefactor.

Los demonios del lector le insinuarán replicar (igualmente a gritos): ¡Pero es que nunca le/la he besado! ¡Se va a sorprender muchísimo y le puede dar un patatús!

Podemos empezar con un beso muy formal, hecho deprisa y corriendo, sin darle importancia: Me voy corriendo que pierdo el metro de las 17:00, (beso), buenas noches.

Así, cada día ir dándoselo un poco menos deprisa.

    Con ello restauraremos verdadera y totalmente nuestro flujo de amor hacia el otro. Esto que decimos de los traumas también ocurre en otros temas de la vida.

Además tenemos este otro truco para besar al agresor/a ya muerto o desaparecido. También puede servir como refuerzo al beso material.

Además de besarlo, conviene además darle la mano, tocarle su mano, como explicamos en este otro artículo a los enfermos.

Dificultad

La costumbre: nos acostumbrados hasta a los traumas, e incluso podemos "sacarles partido", y así, vivir en un piso sin cocina y sea nuestra madre, que vive en el piso de arriba, la que todavía nos siga haciendo la comida, porque nosotras "nos ponemos muy nerviosas" si la hacemos, que es una forma, más o menos grave, del "jueguito" del victimismo-verdugo, chantaje emocional: probrecito de mí, ¿no te doy pena? si no te doy pena y haces lo que quiero, te vas a enterar. ¡Cuánto se regocijan nuestros demonios viéndonos hacerlo!


Benditos médicos del seguro (en España) que recetan esto.

En España se puede comprar agua de mar en casi cualquier dietética (por ejemplo, esta), en farmacias (más cara), y en algunos supermercados como éste.

O en esta panadería ecológica que hace el pan con agua de mar y también la vende.

Rezar el Rosario (mejor en latín) es el último y único recurso que nos queda.

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